Elia Barceló es diu a través d’algunes narracions de Julio Cortázar

Elia Barceló (Alacant, 1957) és l’escriptora més important en
llengua castellana de ciència ficció. Treballa com a professora
de literatura hispànica a la Universitat d’Innsbruck, Àustria. Ha
guanyat diversos premis literaris, ha publicat dinou novel·les —
entre juvenils i d’adults—, un llibre d’assaig i més de quaranta
relats en diferents revistes espanyoles i estrangeres. Part de la
seva obra ha estat traduïda a divuit idiomes.
Podeu llegir la resta de l’entrevista a
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3736368
Marta Millà, actriu, es diu a través de “L’home en busca de sentit” de Viktor E. Frankl
Vaig néixer a Barcelona a l’any 1963, sóc filla d’una família catalana
molt compromesa tradicionalment amb la política i la cultura
d’aquest país. El meu pare, Lluís Millà, era el cinquè d’una
generació d’homes dedicats al món del llibre i de l’editorial en
català. La llibreria Millà del carrer Sant Pau de Barcelona, coneguda
per ser l’única llibreria de la ciutat dedicada al teatre, va
ser el primer lloc d’inspiració per a la carrera d’actriu. En aquesta
llibreria hi havia unes tertúlies on es parlava de política, de teatre,
de llibres, d’art… De ben petita, molts dissabtes, mentre
jugava per la botiga sentia de fons aquests debats i després els
pares em portaven al teatre a veure les actualitats del moment,
que m’entusiasmaven. També de ben petita vaig sentir que volia
ser actriu. De joveneta vaig compaginar els estudis, els cursets
de teatre i la feina a la botiga ajudant el meu pare. Després vaig
entrar a l’Institut del Teatre.
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Olga Clavel es diu a través De Profundis de Wilde
Amb una sòlida formació de dansa clàssica, destaca clarament en el panorama de dansa contemporània actual. Graduada en dansa i interpretació a l’Institut de Dansa Alicia Alonso, des de l’inici de la seva carrera va ballar per Cuba, Santo Domingo i arreu
d’Europa com a primera ballarina a més de rebre el premi de la Universitat Juan Carlos com “la millor intèrpret 2000-2004”. Sense deixar d’estudiar va esdevenir membre de la companyia clàssica David Campos. Va completar el seu doctorat en arts escèniques
per la Universitat Juan Carlos de Madrid i es va traslladar a Barcelona formant part de la companyia Lanònima Imperial — actualment resident a l’Estruch— i amb aquesta companyia ha actuat des de a Singapur a Brasil passant per tota Europa.
Actualment, junt a Miryam Mariblanca, ha destacat com a coreògrafa de les seves pròpies obres. Amb Llena de flores tu boca ha guanyat diferents premis com Burgos-New York, premi SGAE i No Ballet a Berlin. Forma part de la prestigiosa companyia
londinenca Jasmin Vardimon amb qui ha format part de les dues darreres produccions: Yesterday i 7734.
Tota la resta de l’entrevista a
Revista Quadern de les idees, les arts i les lletres, número 117. Apareix la primera entrevista del projecte Dir-se a través d’un llibre.
Eulàlia Valldosera va néixer a Vilafranca del Penedés. Va estudiar
Belles Arts a Barcelona i gravat a l’Escola d’Arts i Oficis de
Catalunya. Va viure a Amsterdam on va obtenir una llicenciatura
d’Audiovisuals a la Gerrit Rietveld Academie. Ha viscut a
Berlín amb una beca del Daad i actualment viu i treballa a
Barcelona. Ha fet exposicions tan importants com una compilació
retrospectiva a la Fundació Antoni Tàpies i, darrerament,
ha exposat Dependencias al Museu Reina Sofia de Madrid. A la
ciutat de Sabadell comptem amb obra seva a la seu de la
Fundació Maria-Mercè Marçal de la qual n’és patrona fundadora.
Breve, mas sinuoso currículum de Heide

Según cuentan, nací un siete de marzo de 1953, adelantándome, por tanto, en 24 horas a la celebración del Día Internacional de las Mujeres. Mi vida estaba marcada, aunque yo no lo sabía.
Toda la infancia y la adolescencia la pasé en una pequeña ciudad del sur de Alemania, Kehl, junto al Rin y la frontera con Alsacia (cuando todavía había fronteras). Mi padre era profesor de formación profesional y teníamos por costumbre pasar todas las vacaciones —los quince días de Pascuas, alguna escapada en Navidad, una semana en otoño y las seis gozosas semanas de verano— en algún camping de Francia, España, Hungría o esquiando en Suiza. Primero en una caravana pequeña, después en una más grande, después en otra: todas diseñadas o incluso fabricadas por mi padre, que era un manitas y un perfeccionista.
Terminé el colegio y el instituto en Kehl, con bastante buenas notas y cierto complejo de primera de la clase y chica equilibrada que a la vida le costó un poco arrancarme. ”Ah, but I was so much older then, I’m younger than that now” canta el incomparable Bob Dylan. Aunque las carnes lo desmientan.
En la universidad de Friburgo empecé tres carreras o cuatro porque —como a Elia— me gustaban demasiadas cosas. Una de ellas fue Lengua y literatura inglesa y se recomendaba una estancia en un país de habla inglesa. Ahí me fui a pasar un año a la universidad estatal de Massachussets, en Amherst, sin saber siquiera quién era Emily Dickinson.
Y allí, en los Estados Unidos del 1972, mi camino comenzó a torcerse. Me pasé la mitad del año ejercitándome para remar en el ocho de mujeres de la universidad y enamorándome de mis compañeras, y la otra mitad, recorriendo el vasto y fascinante territorio norteamericano, en furgoneta y a dedo, y bajando ríos salvajes en piragua.
A la vuelta, estaba perdida para el recto camino de catedrática de instituto para el que estaba destinada. Decidí dejar la universidad y convertirme en librera, que es lo que siempre había querido ser. Desde pequeña me pasaba horas en la librería del lugar, siempre pedía libros si me preguntaban qué regalo deseaba y ejercía mi influencia sobre las tías y tías abuelas que estaban afiliadas al Círculo de Lectores. Pero en la Alemania de aquellos años, sumida en una primera crisis económica, preferían jóvenes y moldeables aprendices de dieciséis años a una chica levemente desorientada de veintitantos. Mi sueño tuvo que esperar.
Tras un breve periodo que prefiero no recordar, “metida” —ésa sería la palabra— en una escuela de secretariado e idiomas y del que, como único bagaje positivo, me llevé nociones de mecanografía y un pintoresco y rudimentario español (“Muy señores nuestros, agradecemos la suya atenta del día tres de los presentes…”), acepté un puesto de trabajo en una empresa de Jerez, sin importarme si era de la Frontera o de los Caballeros. Resultó ser una bodega. El batacazo cultural, de chica joven alemana, con sueños y dudas, al rancio y feudal Jerez recién nacido a la democracia y donde nadie pronunciaba las eses finales, fue espectacular. Lo sobreviví y me llevé imágenes preciosas de una naturaleza sublime, mi amor por el flamenco y una sospecha permanente ante cualquier cosa que me decían, no iba a ser que fueran con segundas (o con guasa, como decían allí).
Circunstancias que no vienen al caso me llevaron a Valencia, tras dos años y medio. Y aquí empecé a contactar bastante pronto con la librería de mujeres de aquel entonces y con el ecosistema feminista. También me enamoré de muchas chicas y en algún caso, ahora sí, fui correspondida.
Muchas clases particulares de inglés y alemán y muchos trabajos de azafata, traductora, intérprete en ferias y congresos más tarde, abrimos un grupo de gente nuestra propia librería de mujeres, Sal de Casa. Nueve años duró el proyecto en el que aprendí casi todo lo que sé del negocio. Fue bonito, enriquecedor y muy importante y se acabó porque todas queríamos tomar otro rumbo.
Yo, entre otras cosas, quería conocer el Cabo de Gata. Y aunque parezca mentira, el tremendo horario de un pequeño comercio y la sensación de que nunca lo has hecho todo impedían escapadas o fines de semana libres. De modo que, tras un descanso, cogí mis aprendizajes y monté un chiringuito a mi medida: donde pudiera seguir vendiendo libros, libros de mujeres, que es lo que más me gusta en el mundo. Ahora bien, sin la esclavitud del horario de un establecimiento y sin la inversión que supone llenar unas estanterías. Haciendo grandes esfuerzos puntuales (congresos, ferias, jornadas) en que estoy presente con los libros (que congrego y busco para cada ocasión), pero con una semanita libre si yo así lo decido. Contestando emails a las cinco de la mañana si me lo pide el cuerpo y yéndome de fin de semana el miércoles.
Vivo —ya lo dije— de las ventas en ferias y jornadas y a ciertas bibliotecas especializadas, pero también de los pedidos de mujeres (y algún hombre) de toda España. En Valencia, los llevo en la moto y para los demás casos está correos. Que os lo cuente Montse.
Vivo sola en mi pisito de treinta y pocos metros y no me caben (en él, y en mi vida deliberadamente caótica) ni perros ni gatos, ni mucho menos hijos. Mis plantas son de imitación, muy buena, eso sí. Tengo un proyecto de instalar algunas plantas en el balconcito, pero de momento la cosa no ha pasado de proyecto.
Ahora sí, no hay ningún espacio de la casa que no esté invadido, plagado, saturado de libros. Libros que esperan su turno para ser reseñados, empaquetados, devueltos, leídos. Algún día los ordenaré. Algún día.
Ah, menos mal que este C.V. iba a ser breve…
El libro de abril ya ha llegado
Su nombre es ZAMI UNA BIOMITOGRAFÍA y su autora es Audre Lorde. No tengo ni idea de que va, sólo sé que Heide me ha dicho “ojo avizor, ya te he mandado el nuevo libro”.
Estos días en que lo leeré, sólo puedo deciros cómo llegan los libros de Heide.
Llegan en un paquete, directamente a casa. Con su cordoncito y el celo cubriendo el nombre y la dirección para que ningún roce las borren le dan un aire cuidado, sencillo, con el sabor de “toda la vida”, podría ser un libro paquete de hace 50 años. Eso me encanta.También la caligrafía, siempre en rotulador negro y con una letra bien definida.
Una vez lo sacas del pequeño envoltorio, aparece una fajita protectora de cartón que también me gusta mucho.
El cuidado con que Heide envuelve los libros va en contra de mi impaciencia por descubrir quién será (los veo más como personitas que como objetitos)
Pero la historia no acaba ahí: es necesario abrir la primera página y ver la facturita -con la confianza insólita de que vayas a hacer el ingreso- y el fantástico punto de libro, esta vez de mi bien amada Colette.
Y esto es todo, con vuestro permiso me voy a leer. Pronto podré la reseña de Heide, mi opinión y el de la señora escritora -si es posible-.
Gracias por vuestra atención.







